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Lunes, 2 de noviembre de 2026

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Encapuchados queman el ayuntamiento de Limoges en la mayor jornada de protestas contra Macron

El prefecto habla de «catástrofe para el patrimonio» en un edificio de 1883, monumento histórico desde 1975; Macron promete castigo y su ministro del Interior apunta a la extrema izquierda

Redacción · 2 min de lectura · 0 comentarios
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Fachada del ayuntamiento de Limoges, en una imagen de archivo anterior al incendio
Rslr22 / Wikimedia Commons, CC BY-SA 4.0 (imagen de archivo)

El ayuntamiento de Limoges ardió el sábado por la tarde en plena jornada de protestas contra el Gobierno de Emmanuel Macron. El edificio, de 1883 y monumento histórico desde 1975, quedó «en gran parte perdido», según las autoridades.

El fuego empezó hacia las seis, según los testigos. Un grupo de encapuchados prendió primero un coche de la policía municipal frente a la fachada, rompió después las ventanas y entró a incendiar el interior. «El tejado se ha hundido sobre las plantas inferiores, salvo en el ala oeste, y dos tercios de la fachada ya han desaparecido», explicó el prefecto, Maurice Barate. Lo calificó de «catástrofe para el patrimonio» y de «acto deliberado de gamberros».

Los bomberos trabajaron hasta bien entrada la noche. Varios comercios del centro de la ciudad fueron además saqueados. Entre el público se vio a una trabajadora municipal llorando mientras un concejal intentaba consolarla.

Una jornada de protesta por todo el país

Lo de Limoges fue el episodio más grave de una movilización nacional contra el aumento del coste de la vida y de los carburantes, con estudiantes, agricultores, chalecos amarillos y sindicatos en la calle. Algunos medios cifran la asistencia en más de medio millón de personas. Hubo enfrentamientos con la policía, quema de vehículos y saqueos en varias ciudades.

El ministro del Interior, Laurent Nuñez, atribuyó la violencia a grupos organizados: «Grupos de cientos o miles de alborotadores, con una clara incitación de la extrema izquierda, atacaron a los agentes». Macron respondió en redes sociales que «quienes han destruido bienes y saqueado responderán de sus actos y serán castigados».

El Gobierno intenta así separar la violencia de la protesta de fondo, que lleva semanas creciendo. El 8 de octubre, una manifestación estudiantil en París terminó con cañones de agua, gases lacrimógenos, 504 detenciones y 48 policías heridos. Desde entonces, los institutos y las universidades no han dejado de movilizarse.

Seis meses por delante

El segundo mandato de Macron tiene por delante medio año en el que Francia debe aprobar unos presupuestos sin una mayoría clara, con la deuda pública como telón de fondo y un ascenso imparable de la ultraderecha. La imagen del ayuntamiento en llamas se suma a un desgaste que el sociólogo Jérôme Fourquet resume como «el final de un reinado».

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