Gaza lleva varios días sin recibir un solo camión comercial. Fruta, carne y ropa de invierno han dejado de entrar, y los precios han reaccionado en pocos días: según los vecinos consultados por Al Jazeera, el saco de harina ha pasado de entre 25 y 35 shekels a unos 80.
Los huevos, que costaban 35 shekels el cartón, se venden ahora a entre 60 y 70. La cebolla sube de 5-6 a 8-10 shekels el kilo. «Estos aumentos han ocurrido en solo dos o tres días», explica Ismail al-Barawi, de 52 años, vecino de Jabalia, que ya compra cuatro o cinco huevos en lugar de treinta.
Dos versiones del bloqueo
El COGAT, el organismo militar israelí que controla la entrada de bienes en Gaza, sostiene que la parada es cosa de los comerciantes palestinos. Su portavoz adjunto, el teniente Daniel Kantorovich, afirma que «los comerciantes no quieren traer mercancías a Gaza» por los impuestos y las amenazas de Hamás.
El sindicato de transportistas de Gaza lo niega. Su presidente, Nahed Sheheiber, responde que «los israelíes son los que han impuesto las restricciones». El detonante de la disputa es una exigencia del Ministerio de Economía gazatí: 10.000 shekels por camión (unos 3.200 dólares). Su subsecretario, Khaled Al-Raqab, dice que no es un impuesto, sino una donación para pagar a los funcionarios. La Oficina de Medios del Gobierno de Gaza la define como un fondo comunitario voluntario para familias vulnerables.
Que el cobro exista no aclara quién ha cerrado el paso. Lo que sí está documentado es el resultado: el comercio privado, que trae lo perecedero, ha quedado paralizado.
Por qué importa
La ayuda humanitaria sola no alcanza. Shaina Low, del Consejo Noruego para los Refugiados, lo resume así: «El sector humanitario por sí solo no puede cubrir las necesidades de toda la gente. Los mercados tienen que funcionar». Las organizaciones llevan harina y otros básicos; los comerciantes, lo que mantiene los precios a raya.
Los precios partían ya de un nivel altísimo. Según datos de la ONU, en septiembre los alimentos costaban de media un 204 % más que antes de octubre de 2023. Gaza necesita unos 250 camiones diarios, según la información de agencias, y el alto el fuego mediado por Estados Unidos hace un año fijaba un mínimo de 600.
«No podemos acumular porque no tenemos ingresos», cuenta Iman Atallah, de 50 años, desplazada en Beit Lahiya. Su familia se salta comidas y se sostiene con arroz y lentejas. A las puertas del invierno, con buena parte de la población en tiendas o edificios en ruinas, un cierre prolongado golpearía primero a quienes no tienen margen para comprar más barato ni en mayor cantidad.
Israel controla todos los pasos de entrada a la Franja, así que la reapertura depende de una decisión suya. Por ahora no ha anunciado ninguna fecha.




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