Donald Trump necesita que el diésel baje antes del 3 de noviembre. Para conseguirlo ha pactado con Vladimir Putin la compra de combustible ruso, y una parte de su propio partido le ha dicho que no.
El presidente anunció el viernes que Moscú suministrará más de 300.000 toneladas de diésel, y el Tesoro emitió una licencia temporal que suspende las sanciones impuestas a Rusia en 2022. Según las cifras que ha publicado la prensa estadounidense, llegarían otro millón de toneladas en noviembre y tres millones más después, con las sanciones levantadas hasta el 7 de abril de 2027. El precio del combustible se ha disparado por la guerra de Irán y golpea a transportistas, agricultores y consumidores.
Una rebelión en el Senado
Los senadores Susan Collins (Maine), Thom Tillis (Carolina del Norte), Lisa Murkowski (Alaska) y John Curtis (Utah) firmaron un comunicado conjunto en el que sostienen que la decisión «va directamente en contra» de la ley que prohíbe importar energía rusa. Hace solo unas semanas el Congreso aprobó la ley Lindsey O. Graham de sanciones a Rusia e Irán, pensada para dar más palanca a Washington frente a Moscú.
Tillis fue más lejos en la cadena NBC: «Creo que hay un argumento legítimo para decir que el presidente no está cumpliendo la ley». El congresista Michael McCaul avisó de que levantar las sanciones al crudo ruso «financiará la maquinaria de guerra del Kremlin». El exvicepresidente Mike Pence lo calificó de traición al legado del difunto senador Graham.
También hay críticas desde las urnas. Mike Rogers, candidato republicano al Senado por Michigan, se desmarcó con un «no» a importar de Rusia. El senador John Kennedy resumió su posición así: apoya traer más diésel, pero no que lo venda Putin. En la Cámara de Representantes, el republicano Brian Fitzpatrick prepara una ley bipartita para bloquear las compras y quiere forzar su votación con una petición de descarga que evite a la dirección del partido.
El alivio, además, es dudoso. Patrick De Haan, analista de GasBuddy, calcula que el efecto sobre el precio sería de entre 10 y 20 centavos por galón, y considera difícil cumplir los volúmenes anunciados.
Un presidente en mínimos
El pulso llega con Trump en su peor momento. Una encuesta de Reuters/Ipsos del 5 de octubre lo sitúa en el 32 % de aprobación, el nivel más bajo de sus dos mandatos. Pew Research Center lo deja en el 30 %, con un 68 % de desaprobación, cuatro puntos menos que en julio. Según una fuente republicana citada por CNN, «Trump está hundiendo al partido».
El presidente, mientras tanto, sigue de mitin casi a diario. El sábado, en Clarksville (Tennessee), se dirigió a sus seguidores con una frase que ha dado la vuelta a los medios: «Podría decir las mayores estupideces y aplaudiríais». La sala aplaudió y rio. En ese mismo discurso dejó frases como «queremos muchas cosas, ya sabéis: unas siete, ocho, diez, cinco, cuatro…».
Los republicanos se juegan la mayoría en la Cámara y en el Senado. Fitzpatrick intentará reunir las firmas necesarias para su petición en las próximas semanas, antes de que los estadounidenses voten el 3 de noviembre.




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