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Lunes, 2 de noviembre de 2026

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El Nobel de Física premia a Francis Halzen por cazar neutrinos en el hielo de la Antártida

El físico belga-estadounidense recibe en solitario el galardón por el detector de un kilómetro cúbico de hielo que abrió la astronomía de neutrinos

Redacción · 2 min de lectura · 0 comentarios
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Instalaciones del Observatorio de Neutrinos IceCube en el Polo Sur
Christopher Michel / Wikimedia Commons, CC BY-SA 4.0

La Real Academia Sueca de Ciencias ha concedido el Premio Nobel de Física de 2026 a Francis Halzen «por sus contribuciones decisivas al Observatorio de Neutrinos IceCube y el descubrimiento de neutrinos de alta energía de origen astrofísico». Halzen, físico de partículas belga-estadounidense y profesor de la Universidad de Wisconsin-Madison, recibe el premio sin compartirlo.

Los neutrinos son partículas casi sin masa que atraviesan la materia sin apenas interactuar con ella. Esa misma esquivez los convierte en mensajeros útiles: a diferencia de la luz, no se desvían por los campos magnéticos ni los absorbe el polvo cósmico, de modo que apuntan hacia donde nacieron. El problema es atraparlos. Hace falta una masa enorme de material transparente en la que, de vez en cuando, un neutrino choque con un núcleo atómico y deje un destello.

IceCube resolvió ese problema con hielo. El observatorio ocupa un kilómetro cúbico de hielo glaciar en el Polo Sur, con sensores enterrados que registran la luz de esas colisiones. Su sede está en el centro WIPAC de la Universidad de Wisconsin-Madison, desde donde se coordinó una construcción de siete años que terminó en diciembre de 2010.

De los 28 sucesos de 2013 al primer blazar

El primer resultado llegó en 2013. Un análisis de datos tomados entre mayo de 2010 y mayo de 2012 encontró 28 sucesos de energía muy alta que no encajaban con el fondo de neutrinos generados en la atmósfera terrestre. La significación estadística superaba los 4 sigma, el primer indicio sólido de neutrinos extraterrestres de altísima energía. Halzen lo describió entonces como «el amanecer de una nueva era de la astronomía», con neutrinos de energías más de un millón de veces superiores a las registradas en 1987 junto a una supernova.

Faltaba saber de dónde venían. La respuesta parcial llegó el 22 de septiembre de 2017, cuando IceCube detectó un neutrino de unos 290 teraelectronvoltios. Su dirección coincidía con la del blazar TXS 0506+056, una galaxia con un agujero negro activo que apuntaba hacia la Tierra y atravesaba entonces una fase de actividad intensa. La publicación en Science en 2018, firmada por la colaboración IceCube con otras 16 colaboraciones de observatorios, subrayaba que hasta entonces las únicas fuentes identificadas de neutrinos eran el Sol y la supernova 1987A. Los autores concluían que los blazares «pueden ser una fuente de neutrinos de alta energía».

Ese hallazgo importa más allá de la física de partículas. Los rayos cósmicos, núcleos atómicos que llegan a la Tierra con energías enormes, llevan más de un siglo sin que se sepa con certeza dónde se aceleran. Los neutrinos de alta energía se producen en esos mismos procesos, y como viajan en línea recta permiten señalar los aceleradores.

La ceremonia de entrega se celebrará en Estocolmo el 10 de diciembre.

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