Un satélite militar ruso ha pasado casi una semana pegado a un satélite radar comercial que se cree que suministra imágenes a Ucrania. Los expertos que siguen la órbita de ambos hablan de una maniobra sin precedentes por lo cerca que se hizo y por no haber sido pactada con el otro operador.
El Kosmos-2612 (Cosmos 2612, en la grafía inglesa) empezó a acercarse al ICEYE-X36 a finales de septiembre, según el Centro de Estudios Estratégicos e Internacionales (CSIS), y entre el 15 y el 19 de octubre se colocó delante y detrás de él en repetidas ocasiones. El ICEYE-X36 es un satélite de unos 90 kilos que opera ICEYE, una compañía finlandesa con filial estadounidense, y orbita a unos 550 kilómetros de altura.
Las cifras de la distancia mínima no coinciden entre los rastreadores. La empresa de vigilancia espacial LeoLabs sitúa el punto más cercano en torno a los 500 metros. Otros seguimientos, recogidos por Meduza, hablan de 26 metros el 19 de octubre, después de que el 16 la separación pasara de más de 320 kilómetros a 4,8. En el sector se considera crítico cualquier acercamiento por debajo de un kilómetro.
«Es la operación de proximidad no cooperativa más avanzada y potencialmente peligrosa que hemos observado», ha dicho Adam Marsh, vicepresidente de LeoLabs. Victoria Samson, de la Secure World Foundation, ha señalado que «no creo que haya habido nunca una aproximación sin coordinar tan cercana». Clayton Swope, del CSIS, ha ido más allá: «Dados los antecedentes de Rusia probando armas en órbita, los responsables políticos deberían asumir que el Cosmos 2612 podría emprender una acción que amenace al satélite comercial».
Lo que se desconoce pesa tanto como lo que se sabe. ICEYE no ha confirmado públicamente qué clientes reciben las imágenes del ICEYE-X36, y Moscú no ha dado explicaciones. Sí consta que el Ministerio de Defensa de Ucrania firmó en enero de 2026 un acuerdo ampliado de cooperación con la empresa, y un alto cargo ucraniano, sin identificar, dijo a Meduza que el Ejército trabaja con ella y «utiliza sus capacidades», aunque no pudo confirmar el papel de ese satélite concreto.
Por qué importa un satélite de 90 kilos
Los satélites de radar de apertura sintética ven de noche y a través de las nubes, algo que los de imagen óptica no hacen. Por eso son una fuente valiosa de información sobre movimientos de tropas, y por eso su uso por parte de un ejército en guerra los convierte en objetivo potencial. Rusia advirtió en 2022 de que consideraba objetivos legítimos los satélites comerciales que ayudaran a Ucrania.
Maniobrar así consume mucho combustible, lo que según los analistas apunta a una decisión deliberada y no a un accidente. A mayo se remontaba otro episodio: cuatro satélites militares rusos (Kosmos-2610, 2611, 2612 y 2613) cambiaron su órbita para entrar en el plano del ICEYE-X36 y se acercaron a entre 13 y 18 kilómetros.
Un acercamiento tan corto deja un margen mínimo para reaccionar ante un error, y una colisión generaría una nube de fragmentos en una órbita muy transitada. El Tratado del Espacio Exterior de 1967 prohíbe poner armas de destrucción masiva en órbita, pero no regula con detalle estas maniobras de proximidad con satélites comerciales.




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