Francia afronta este sábado la mayor prueba de calle del último año de Emmanuel Macron. Estudiantes de instituto, chalecos amarillos, agricultores y sindicatos convergen en una jornada nacional con unas 250 concentraciones, y el Gobierno ha desplegado a más de 10.000 policías y gendarmes, 5.000 de ellos en París.
La policía había detenido a unas 40 personas en la capital antes del mediodía, la mayoría por llevar armas prohibidas. Hubo también incidentes en Marsella, donde ardieron contenedores, y concentraciones en la refinería de Feyzin, junto a Lyon.
De los institutos a la calle
La revuelta arrancó el 17 de septiembre en los suburbios del norte de París por la falta de profesores sustitutos, el deterioro de los edificios y las condiciones de enseñanza. Desde entonces se ha extendido por el país. Los sindicatos estudiantiles reclaman medidas concretas y han hablado de 10.000 millones de euros sobre la mesa. El Gobierno ha prometido 3.000 profesores sustitutos, aunque según la prensa solo 2.000 estaban desplegados desde el viernes.
El balance de estas semanas es duro. Cerca de 6.800 personas han sido detenidas desde que empezó el movimiento y el 86 % son menores. La Inspección General de la Policía Nacional ha abierto 36 investigaciones. El primer ministro, Sébastien Lecornu, asegura que más de 900 agentes han resultado heridos.
A los estudiantes se suman ahora los chalecos amarillos, que regresan a la calle por el precio del diésel y el coste de la vida, junto a agricultores, conductores de transporte privado, activistas climáticos y sindicatos como la CGT y la Confédération paysanne. Las movilizaciones no tienen un liderazgo sindical único. «El objetivo es a la vez la convergencia de luchas, de los indignados y de las generaciones», resumió Bally Bagayoko, alcalde de Saint Denis. La Francia Insumisa apoya las marchas, pero niega que las haya organizado, como le acusa el Gobierno.
Macron ha defendido que el derecho a manifestarse está plenamente respetado, y ha pedido que se ejerza sin violencia contra personas y bienes. La portavoz del Gobierno, Maud Bregeon, sostiene que las inquietudes de los jóvenes son legítimas pero se están explotando políticamente. Jordan Bardella, líder de Agrupación Nacional, auguró «un día de caos para Francia».
Las autoridades han prohibido las manifestaciones cerca del Elíseo, Matignon y los Campos Elíseos entre las 7:00 y las 22:00. El ministro del Interior no ha descartado usar granadas aturdidoras si hay disturbios graves.
El Ejecutivo llega a la protesta con el calendario en contra: las presidenciales son en la primavera de 2027 y Lecornu ha prometido anunciar cambios en Parcoursup, la plataforma de acceso a la universidad, una de las demandas de los estudiantes.




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