El PP ha decidido que el 29N se juega contra Pedro Sánchez y no contra Vox. La dirección nacional de Alberto Núñez Feijóo cree que el «miedo» a la ultraderecha que agita el PSOE ya no funciona y que lo que mueve a los votantes es la «animadversión» hacia el presidente del Gobierno, según han trasladado fuentes de Génova a Europa Press.
La tesis se apoya en las urnas de los últimos doce meses. El PP defiende que ganó en las cuatro elecciones autonómicas recientes (Extremadura, Aragón, Castilla y León y Andalucía) y que el PSOE intentó en todas capitalizar la amenaza de Vox sin éxito. Su lectura es que fueron un «ajuste de cuentas» con Sánchez. Y lo resumen con una frase: «cuanto más sanchista ha sido el candidato, mayor ha sido el batacazo».
Hay un precedente que Génova prefiere recordar a su manera. En 2023, Sánchez adelantó las generales con el miedo a la ultraderecha como eje, tras los pactos entre PP y Vox en ayuntamientos y comunidades. Feijóo ganó aquellas elecciones, pero fue Sánchez quien reunió la mayoría para ser investido en noviembre. Ahora el equipo del líder popular quiere demostrar que aquella fórmula está gastada.
Una campaña «de ilusión» y una relación «cordial» con Abascal
Feijóo ha pedido a sus candidatos una campaña de «ilusión, sin euforia», pensada para electores enfadados y decepcionados con el Gobierno, e incluso para votantes socialistas descontentos. El mensaje evita atacar a Vox. Fuentes populares describen la relación con el partido de Santiago Abascal como «cordial» y de respeto, con un objetivo compartido: sacar a Sánchez de La Moncloa.
Ese es el punto que el PSOE explota y que el PP intenta desactivar. Si Vox deja de ser un problema para el votante moderado, el PP no necesita marcar distancias con su posible socio. Si lo sigue siendo, cada gesto de cercanía le cuesta votos en el centro. Génova apuesta por lo primero.
La dirección popular anticipa además una campaña «muy sucia» por parte del Gobierno. Feijóo ha hablado de «maniobras» y de «uso de instituciones» para influir en el resultado, una advertencia que ya apareció en sus intervenciones anteriores y que sirve para preparar el terreno ante cualquier ataque que reciba.
Para el lector, lo que está en juego es qué debate dominará las seis semanas que quedan: el de la política de vivienda, salarios y sanidad, o el de un plebiscito sobre Sánchez en el que el PP prefiere que nadie hable de con quién gobernaría. Las elecciones generales son el 29 de noviembre.




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