Las excavadoras de la Autoridad de Tierras de Israel han derribado este lunes unas 80 viviendas y otras construcciones en Al Dahiya, una aldea palestina del desierto del Néguev, y han dejado a alrededor de 400 personas sin casa. Las autoridades justifican el derribo por la falta de licencias de obra.
Los equipos de demolición trabajaron escoltados por refuerzos policiales que dependen del Ministerio de Seguridad Nacional, el departamento de Itamar Ben-Gvir. El domingo, el Tribunal de Distrito de Beerseba había rechazado una petición de los vecinos para aplazar el derribo.
Al Dahiya se encuentra al norte de la ciudad de Rahat y carece de reconocimiento oficial, lo que significa que no tiene planeamiento urbanístico ni garantías sobre las casas que levantaron sus habitantes. Las familias, según los medios que han informado, se quedan sin una solución de vivienda clara.
Un realojo que los vecinos rechazan
Las autoridades han propuesto trasladar a los afectados al décimo barrio de Rahat. Los vecinos no lo aceptan: reclaman que se reconozca su aldea y que se apruebe un plan que les permita seguir en la tierra donde viven.
La Lista Conjunta, que agrupa a tres partidos árabes, ha condenado el derribo como «una continuación» de la política de «demolición, desarraigo y desplazamiento» de los sucesivos gobiernos israelíes. El vicealcalde de Rahat, Hassan al Nasasra, fue más lejos: «No es en modo alguno una aplicación de la ley, es solo propaganda electoral para el racista Ben-Gvir».
El momento importa para quienes lo denuncian. Israel vota el 27 de octubre y Ben-Gvir, ministro de Seguridad Nacional, se presenta de nuevo con las demoliciones como parte de su gestión.
El derribo se produce dentro de las fronteras de Israel, en una comunidad palestina que el Estado no reconoce, y no en un territorio ocupado.
Los vecinos exigen el reconocimiento de Al Dahiya. Israel vota dentro de quince días.




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