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Domingo, 1 de noviembre de 2026

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París vuelve a arder un día después de la mayor revuelta contra Macron, con unos 2.000 detenidos

Barricadas y gases lacrimógenos en los alrededores de la plaza de la República, mientras el Gobierno culpa a la extrema izquierda y la calle habla de un Estado que «no escucha»

Redacción · 2 min de lectura · 0 comentarios
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Policías antidisturbios frente a un comercio saqueado durante los disturbios del 17 de octubre en París
Jorge Jaramillo / Wikimedia Commons, CC BY-SA 4.0

París no ha tenido tiempo de limpiar. Un día después de la jornada de protestas más violenta de la revuelta estudiantil contra Emmanuel Macron, los disturbios han vuelto este domingo al centro de la capital, con barricadas, fuego y gases lacrimógenos en los alrededores de la plaza de la República.

El sábado dejó un balance que el Gobierno no esperaba: unos 550.000 manifestantes en toda Francia según las autoridades y más de 800.000 según los organizadores. Las detenciones rondan las 1.800 según el recuento difundido por la prensa internacional, y superan las 2.000 según otros medios, casi la mitad en París. Más de 500 policías, gendarmes y bomberos resultaron heridos; algunas cifras llegan a los 600.

De los institutos a las barricadas

La protesta nació hace semanas en los institutos, con estudiantes que denuncian aulas masificadas, falta de profesores y una respuesta policial dura en los bloqueos de centros. Después se sumaron sindicatos, trabajadores y simpatizantes de los chalecos amarillos, con el coste de la vida como segundo motor. En la calle se oyen reproches personales al presidente. «En nueve años, por el Ministerio de Educación han pasado ocho ministros, a Macron la educación es algo que le da igual», decía un adolescente durante la marcha del sábado.

Las manifestaciones pacíficas convivieron con los destrozos. Según los relatos de la jornada, en París se levantaron barricadas en la calle Réaumur, ardieron coches en la plaza de la República y se saquearon comercios en el eje de la calle de Rivoli. En Limoges ardió parte del ayuntamiento, y hubo incidentes en Burdeos, Lyon y Marsella, donde decenas de negocios fueron atacados.

El Gobierno apunta a la extrema izquierda

El primer ministro, Sébastien Lecornu, sostiene que detrás de la violencia hay una maniobra política. «Los centros de poder de París han sido el blanco de los ataques», afirmó. El ministro del Interior, Laurent Nuñez, intentó marcar la frontera: «Manifestarse es un derecho fundamental. Provocar el desorden con violencia y de forma concertada no lo es».

La oposición de izquierdas lee la crisis al revés. Jean-Luc Mélenchon culpa al Ejecutivo de una gestión equivocada, y entre los manifestantes la frase se repite casi igual. Un grupo de estudiantes de enfermería lo resumió en París: «Esto es lo que pasa cuando no se permite manifestar, cuando el gobierno no escucha y reprime».

Las organizaciones de derechos humanos añaden otro frente: abogados citados por Al Jazeera documentan lesiones graves entre civiles, incluidos menores que han perdido una extremidad o la vista.

Qué se juega Macron

La revuelta golpea a un presidente en la recta final de su mandato, con las presidenciales del año que viene en el horizonte. Las imágenes del sábado recuerdan a diciembre de 2018, cuando los chalecos amarillos pusieron a prueba al Elíseo, pero esta vez el motor son los jóvenes, y los disturbios del domingo indican que el movimiento no se desinfla.

Italia y Albania viven también protestas de calado, con enfrentamientos en las calles por la carestía y el descontento social. El lunes se verá si París amanece de nuevo entre barricadas o si el Gobierno logra abrir una vía de diálogo con los estudiantes.

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