Ucrania ha golpeado San Petersburgo con uno de los mayores enjambres de drones de toda la guerra. El ataque ha dejado un muerto, cinco heridos y unas 20.000 personas sin electricidad en la segunda ciudad de Rusia, según las autoridades locales.
El gobernador de la región de Leningrado confirmó el derribo de 144 aparatos sobre su territorio. Los que lograron pasar alcanzaron el puerto petrolero: la terminal de Ruchi, una de las mayores de la ciudad, y una segunda instalación con 21 depósitos sufrieron incendios. El aeropuerto de Púlkovo cerró de forma temporal.
La lista de objetivos va más allá del petróleo. Los drones también impactaron en la subestación eléctrica de Vostóchnaya, en un centro de datos de la red social Vkontakte y en un almacén de la plataforma de comercio electrónico Ozon. Varios edificios residenciales sufrieron desperfectos.
San Petersburgo no es un blanco cualquiera. Es la ciudad natal de Vladímir Putin y alberga una de las mayores instalaciones de carga del Báltico. Golpear su puerto es golpear la logística energética del país.
Moscú, por su parte, presentó un balance global de la noche: 1.015 drones ucranianos derribados sobre quince regiones rusas. Es la cifra de una sola de las partes, imposible de comprobar de forma independiente, pero da idea de la escala de la ofensiva. Las imágenes difundidas en redes, que la cadena Al Jazeera recogió, muestran múltiples explosiones en la ciudad.
El ataque llega en un momento en que Washington ha frenado sanciones contra Rusia y ha autorizado exportaciones de diésel, según recoge elDiario.es. Kiev insiste en su estrategia de golpear la infraestructura energética y logística rusa lejos del frente.
Para los rusos de a pie, el efecto es el que ya conocen otras regiones: cortes de luz, alertas y aeropuertos cerrados. Para el Kremlin, el mensaje es que ninguna ciudad queda fuera del alcance de los drones, tampoco la de Putin.




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