Dos testimonios desde dentro del aparato de seguridad de Israel y de la Casa Blanca apuntan al mismo sitio: Benjamin Netanyahu retrasó el acuerdo de alto el fuego en Gaza por razones que no eran las de sus propios jefes de seguridad. El último en decirlo es Phil Gordon, consejero de Seguridad Nacional de la entonces vicepresidenta Kamala Harris, que ha asegurado en un mensaje en X que el pacto fue «imposible durante otros seis meses».
Según Gordon, después de que Hamás aceptara el marco básico del acuerdo el 4 de julio de 2024, Netanyahu «añadió tantas condiciones propias» que las negociaciones se bloquearon hasta enero de 2025. Fueron, escribe, medio año en el que murieron cerca de 9.000 palestinos más, además de otros rehenes israelíes, entre ellos seis ejecutados por Hamás en agosto.
El exasesor cita dos exigencias concretas: mantener tropas israelíes a lo largo de toda la frontera de Gaza con Egipto y crear un mecanismo de control para los palestinos que regresaban al norte, que exigía presencia militar en el centro de la Franja. Las dos se retiraron cuando el acuerdo se cerró por fin en enero de 2025.
El exsecretario militar: «Pudimos»
Gordon respaldaba así a Avi Gil, que fue secretario militar de Netanyahu y habló esta semana en una entrevista en el Canal 12 israelí. Preguntado si algunos cautivos podrían haber vuelto con vida o antes, Gil respondió: «Pudimos». Según su relato, el primer ministro prefirió en ocasiones conservar su Gobierno antes que aceptar un pacto que podía hacerlo caer, y señaló a ministros de la extrema derecha, en particular al de Finanzas, Bezalel Smotrich, por bloquear acuerdos.
Gil acusó además al jefe de gabinete de Netanyahu, Tzachi Braverman, de intentar alterar el registro de la llamada segura del 7 de octubre de 2023, de las 6.40 a las 6.29. Netanyahu ha negado las acusaciones y sostiene que son «un intento de oscurecer la verdad simple y dolorosa sobre su fracaso». El Likud habla de «propaganda con motivación política». La oposición israelí reclama investigaciones.
Por qué importa
El relato de Gordon coincide con lo que el entorno negociador ya deslizó entonces, pero ahora llega firmado por un alto cargo que estaba en la sala y por un colaborador directo del primer ministro. Sitúa la responsabilidad de esos seis meses en las condiciones añadidas por el Gobierno israelí, no solo en la intransigencia de una de las partes.
Los casi 9.000 muertos de ese periodo son una cifra aportada por Gordon, no una verificación independiente, y los periodos de la guerra no deben mezclarse con otros recuentos. Pero la pregunta sobre qué se pudo evitar ya está sobre la mesa en Israel y Washington.




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