Un hombre adulto, vestido de civil y con el rostro a medio tapar, camina entre estudiantes de secundaria que protestan en Reims. Lanza algo. Cuando advierte que lo graban, se aleja. Era un policía, y la Fiscalía lo ha confirmado: el vídeo ha encendido en Francia la polémica sobre los agentes infiltrados en las protestas.
La escena ocurrió el viernes 2 de octubre, durante las movilizaciones de los lycéens. El eurodiputado de La Francia Insumisa Anthony Smith, que estaba presente, grabó al hombre y lo denunció como «pura provocación policial». El diputado Aymeric Caron pidió explicaciones al ministro del Interior, Laurent Nuñez.
El domingo 4, el fiscal de Reims, François Schneider, confirmó que se trataba de un agente de la Brigada Anticriminalidad (BAC). Sus palabras: «Se trata de un policía lanzando una granada fumígena en acción de mantenimiento del orden público, por lo tanto en un marco totalmente legal». Y añadió que actuó «al ver las circunstancias y la violencia de los alborotadores lanzando piedras a los policías». Cerró con un «aucun sujet», ningún asunto. La prefectura precisó que la granada era lacrimógena, versión que, según Franceinfo, corroboran testigos.
Sin brazalete ni número
Lo discutido no es solo qué lanzó, sino quién lo hacía y cómo se le podía reconocer. Olivier Cahn, profesor de Derecho Penal en la Universidad París-Nanterre, lo resumió así a Franceinfo: un policía infiltrado en una manifestación puede ir de civil, pero si empieza a hacer orden público debe llevar marcas de autoridad, como un brazalete o el número de identificación (RIO). El agente de Reims no mostraba ni una cosa ni la otra.
El Média en 442 sumó otra secuencia del mismo día, en Aubervilliers. El periodista Rémy Buisine grabó a un hombre de paisano, acompañado por policías uniformados, golpeando varias veces con una defensa el cristal de un restaurante. La pregunta que plantea el medio es difícil de contestar: cómo va un manifestante, un periodista o un estudiante a saber que quien actúa enmascarado y vestido como un civil es un policía.
Conviene separar lo que está probado de lo que no. Está confirmado que el hombre de Reims era un agente y que lanzó una granada. No hay ninguna resolución que concluya que policías infiltrados hayan provocado los disturbios, y la Fiscalía niega que hubiera irregularidad en este caso.
Una crisis que no baja
El debate llega en plena tensión. El Ministerio del Interior contabilizaba a principios de mes más de 6.600 detenciones, en su mayoría de menores, desde que las protestas se intensificaron, y hay 18 investigaciones abiertas por presuntos abusos policiales. Nuñez retiró de las intervenciones contra estudiantes el modelo de granada sospechoso de causar la mutilación de una mano en Lens.
Tras las manifestaciones del 17 de octubre, con cientos de detenidos y agentes heridos, las críticas al dispositivo se han ampliado. Se han denunciado de nuevo la falta de RIO y las actuaciones de policías de paisano, mientras el Gobierno de Sébastien Lecornu culpa a la ultraizquierda y Jean-Luc Mélenchon lo acusa de haber «sembrado el desorden» con decisiones «absurdas e incompetentes». Franceinfo recoge además voces que sostienen que se «subestimó el número de encapuchados» violentos.
Se ha pedido una comisión parlamentaria de investigación sobre el dispositivo policial.




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